viernes, 27 de abril de 2012

Oriente en tus ojos











Tienes los ojos rasgados y la mirada limpia, y en el mundo de los sueños ves la vida de otro color porque duermes enfundada en tu sonrisa. Abrazada a los claroscuros de la madrugada, te abandonas a inconfesables fantasías nocturnas y, cruel envidia que me corroe, aflora en tu rostro una mueca de satisfacción eterna. Amor, hay amor en ti, amor sin mí.

Los primeros rayos del sol acarician tu tez morena, pintada en tierras lejanas donde la felicidad se derrocha en cada mirada. Enredado en el contraluz del alba, brilla tu cabello negro como el tizón, pero juegas a seguir entre sueños, dejándote querer, matándome en cada suspiro del que sólo soy testigo.

Nada había visto tan hermoso como el amanecer en tus ojos, cálido oriente que alumbra la única vida en la que todo tiene sentido, bandada de flechas de amor que iluminan cada nido en el que se posa tu inocente mirada, alborada que me ciega y a la vez delata mi contemplación furtiva.

Y tengo celos de la luz del día, indiscreto espejo que me priva de ser único dueño del reflejo de tu deseado cuerpo, cristal que ansío ver hecho añicos o cubierto para siempre por el negro manto de la noche.

3 comentarios:

Angela Hurtado dijo...

Es exquisito!

Archer dijo...

... muchas gracias, ángela ... exquisito es contemplar sus ojos dormidos, su rostro adormilado, sus labios pidiendo entre sueños que le llegue un beso ... gracias¡¡¡

Mertxe_beriain dijo...

Llega Oriente a acariciar el amanecer de tu prosa.



Oriente rutilante en mis retinas hialinas,
recalo envuelta en el aroma del Sakura,
mi alegría va hinchiendo tu melancolía,
mi primavera acariciando tu cordura.

Saliente sonrosado en mi sonrisa,
esbozada por los haces de tu lisura,
mis labios recubiertos de té de melisa
son libados por tu boca de confitura.

Levante sísmico en nuestras caricias,
olas de tsunami con espuma de dulzura
impregnadas por el salitre de la delicia,
ondulan desmandadas y con bravura.

Naciente pasional en nuestras vidas,
hoguera prendida con leña de ternura
atizada por un tornado de brisa tórrida,
flamas de amor que estallan sin mesura.

Mertxe