jueves, 7 de julio de 2011

Un momento






















Hay un momento en Pamplona, el sol de julio en lo más alto, en el que las preocupaciones, por graves que sean, desaparecen y echan raíces en un lugar inaccesible como el olvido. Y hasta quien más sufre, se esfuerza por lucir una sonrisa en la solapa de su corazón cuando la fiesta se agarra con fuerza a la blanca estela del chupinazo y se deja llevar en volandas por la ciudad en rojo.

Estalla el cohete. Y con él los problemas saltan en mil pedazos, se hacen añicos en el aire y, seguro que muy a su pesar, se van esfumando entre las nubes de algarabía que todo lo cubren, hasta que ya no queda ni rastro de ellos. Es entonces también cuando, todo el año cautivas, se liberan las pasiones. Sin nada que las detenga, se desatan y vagan desnudas por las calles buscando su presa en el deseo prendido cuerpo a cuerpo, dejándose alimentar por besos desconocidos que viajan de boca en boca, entregándose al amor como nunca antes lo habían hecho. San Fermín es la huida, es correr hacia delante para dejar atrás los obstáculos de la vida, es un momento en Pamplona que queda en el recuerdo, para siempre.

La fotografía del relato es de mi amigo Oskar Montero. Podéis ver sus fotos cada día en el Diario de Noticias de Navarra.

3 comentarios:

Pablo dijo...

Que bueno. Pabloto. me ha encantado. la buena esencia en frasco pequeño. enhorabuena

amaia dijo...

Después de ver las imágenes que han circulado de los sanfermines, creo a pies juntillas lo que dices. Viene a ser como los carnavales... Muchas gracias. Muy bueno!

Mertxe_Beriain dijo...

Querido arquero... hace justo un año que "okupé" por primera vez tu blog... ni nos conocíamos. Hoy lo vuelvo a hacer, ya no como intrusa... sino como compañera de letras que lo comparte.Gracias miles, por devolverme las ganas de volver a escribir poesía que las tuve dormidas... Gracias por mostrar mis versos a tus seguidores /as de los cuales algun@s, ahora, son mí@s también! Un abrazo y un besazo mi robison!!




A las 12 en punto, un fugaz momento,
la bulliciosa marabunta, cada 6 de julio,
se aglutina en la plaza del ayuntamiento
en espera del chupinazo lanzado con brío .

Todo el año restando días al calendario,
miles de personas ansiando este instante,
haciendo de la fiesta el disfraz de lo cotidiano,
engalanándose de rojo y blanco deslumbrante.

Unos segundos dura la explosión del cohete,
Pum… y emanan lágrimas de emoción ,
las manos al cuello para anudar el pañuelo,
las bocas fundiéndose en besos con efusión.

Pamplona abre sus puertas a la diversión,
a los encierros, a los bailes nocturnos,
a los gigantes y cabezudos, a la Procesión,
a los fuegos artificiales, a la lidia de toros…

Durante nueve días y sus madrugadas,
la ciudad no descansa, en sus 24 horas,
unos van a dormir y otros van de jarana,
en cualquier rincón, la fiesta toma forma.

Los Sanfermines, festejos magnéticos…,
Quienes, por primera vez, vienen… repiten,
donde emergen los amores efímeros …
o los amores apasionados que persisten.
Mertxe