jueves, 21 de octubre de 2010

En el viento

Gemidos lastimeros silban entre las rendijas de mi alma, en corrientes de tristeza aúllan mis sueños y, a cada interminable segundo de tu silencio, mi corazón se desangra alcanzado por el estallido de cristales rotos... las ventanas que abrí hacia ti se hacen añicos, tu amor sopla hacia otros labios.

Un torbellino de frustración me sacude, huracán que azota sin piedad las copas de los árboles y estira sus ramas hasta desmembrarlas. Sin sembrar vientos, recojo tempestades... lluvias que me empapan con tus ráfagas de desamor. La angustia se lleva en volandas mis ilusiones y mis sentimientos se estrellan contra el cemento de tu ausencia como pájaros sin alas.

Desarbolado, arrasado, es mi existencia un paisaje de desolación, una pradera estéril. Y con la cruz de mi ignorado deseo al hombro, deambulo por ese camino hacia la nada que nadie ha recorrido. Las hojas caídas levitan en remolinos alrededor de mis pies, son besos sin vida que crepitan sólo con mirarlos, son abrazos arrancados que dejan mi corazón frío y desnudo... así está mi amor, se lo ha llevado el viento.


Solo, solo de nuevo. Me ahogo sin el aire de tus pulmones, me falta el aliento sin tus jadeos acurrucados en mi pecho. Y sola, sola en el negro universo que me has dejado, la luna está al día de mis penas. Y sé que sufre por mis desvelos, que pasa las noches en vela. Y mientras el ciclón de mi impotencia se apacigua en suave brisa, me lanza estrellas que en vuelo rasante iluminan la sombra de lo que fui.

Asomado al acantilado de mi vida, dejo que el frío me rompa la cara mientras busco respuestas en el viento… en el viento, en el viento. Dime amor… qué fue de los buenos aires con que me arropaste por las noches a la luz de la luna, en qué labios se posaron los besos que salieron de tu boca, dónde está la sonrisa de colores que pintó de felicidad cada amanecer.

Ojos doloridos de buscarte en el infinito, allá donde siempre soñé que el mar y el cielo somos tú y yo… y cuando ya quiero morir del todo, siento una mano cálida en mi espalda desnuda. Es el viento del sur que me trae tus caricias, que susurra tus versos en mis oídos, que juega con mi pelo como si suyos fueran tus dedos, que se pega a mi piel con la pasión de tu cuerpo rotundo. Amor, nunca te fuiste... estabas en el viento.

La imagen del relato, 'Buenpas 35', es de Juankar Hernandez (puedes seguirle en twitter, es @juankarh) y puedes admirar su obra en el blog 'Fototeka, bizileku' (http://juankarh.blogspot.com).

2 comentarios:

Mertxe Berian dijo...

Y las palabras no se las lleva el viento...las palabras crean sentimiento...

Te imagino…
como aire dulce,
ligero,
sensible
que se ubica entre las nubes
llevando su suspiro.

Te imagino…
como aire cálido
que embruja mis pensamientos
con sus ansiados anhelos.

Te imagino…
como aire huracanado
que penetra apasionado
en el interior recóndito
de mi existencia.

Te imagino…
como aire húmedo
que sacia la sed escondida
en mi solitario desierto.

Te imagino…
como aire puro
que con su brisa
me acerca
el sabor de tu esencia.

Te imagino…
como aire libre
que me susurra
palabras de amor
tejidas en la oscuridad
de la madrugada.

Te imagino…
aire que alimenta mi vida.
Mertxe

Archer dijo...

Me imagino que imaginas ... Mertxe ... vendavales de versos que se llevan todo por delante, que arrasan dudas e incertidumbres, huracanes de amor que a nadie dejan indiferente ....

Gracias