jueves, 30 de diciembre de 2010

Viaje a ninguna parte

















Siempre quise estar ahí, delante de ti, con las manos en los bolsillos y la sonrisa de un día de fiesta, con el pelo alborotado por los nervios y las lágrimas a punto de caer por mis mejillas. Quise ser lo primero que viesen tus ojos de luna miles de kilómetros después, quise que mis labios calmaran la sed de tu amor perdido en el desierto del infortunio y quise escuchar tu nombre en mi boca al romper el alba de una nueva vida, la nuestra.

Pero no, el destino me ha asignado la terminal del fracaso y a ti otros brazos en los que descansar tu amor, tu nuevo amor. Y no seré yo quien transporte las maletas de tu alegría, y no seré yo el anfitrión de tus besos tanto tiempo deseados, y no seré yo el juguete que anhelé ser en tus pequeñas manos, a estas horas enlazadas ya en otras manos.

En aquellas noches de mi primavera, encendido mi corazón en la hoguera de los deseos imposibles, perseguí tu luz detrás de las estrellas, sentí cerca tu intenso calor y escalé a lo más alto de mi existencia para tocar el cielo a manos llenas. Y allí, en el valle de las fantasías inalcanzables, rota la camisa de la vergüenza, abrí mi pecho desnudo a la oscuridad de tus días de invierno. Color de tu vida en blanco y negro, sonrisa irrepetible tú en la mía, me entregué como nunca supe hacerlo.

Fundidos nuestros cuerpos, viajamos al más allá de las caricias, a un paraíso escondido entre las brumas de la inconsciencia. Y entre un trinar constante de susurros y jadeos, mi piel se cosió sin dobleces a la tuya con hilo de fuegos artificiales. Refugiados en la borda de nuestros sueños, la leña de pasados desengaños ardiendo en el hogar, vimos por fin abrirse el cielo.

Pero ciego, ciego de cobardía, mis labios sellaron tus ojos con un beso mortal, apagando para siempre la luz de tu camino, dando por terminado nuestro viaje, viaje a ninguna parte. Y hoy que las distancias se han esfumado, tu amor duerme en otra cama y tu corazón ha dejado de soñar... conmigo.

La foto que ilustra este relato, 'La borda viajera', es de Pablo Roa (@pautxo en twitter) y ha recibido el Premio de la Semana de Montaña de Anaitasuna. Te invito a que sigas su blog: http://frotolafoto.blogspot.com/

lunes, 27 de diciembre de 2010

Hormaren malkoak

















Hementxe nago, munduari begira. Nahiz eta begirik ez eduki, nire inguruan zer gertatzen den jakitea gustatzen zait. Jendea joan eta itzuli, presaka. Eta denbora, nahi gabe, pasatzen da. Batzuetan, haurrak niregana etortzen dira eta aho zabalik irakurtzen dute.

- “Aita, aita… nor da Mikel?
- Ez dakit, alaba”.

Orain dela hamar bat urte, gazte batzuek ‘MIKEL ASKATU’ leloa nire gainean idatzi zuten. Eta, bereziki, oraindik oroitzen naiz negar egiten zuen 18 urteko neskatxo batez. Bere lagunararen izena jartzen ari zenean, malkoz beteta, letra bakoitzean labankada bat sentitzen zuen bihotz erdi-erdian. Azken hitzarekin oihu goibel batek bere ahotik ihes egin zuen, askatasunaren asaskaldia.

Han geratu zen, nire gainean eusten, bere aurpegia nirean itsatsita. Eta gero ukabilkadak eta ostikadak ematen hasi zen. Orduan, nik ez nuen jakin zer esan, ezta gero ere, eskuetatik odola ateratzen hasi zenean. Gorriz zikinduta, utzi nuen hura egiten eta begiak itxi nituen, badaezpada.

Artekako izpi urdinak, bat-batean, bizitzen ari ginen iluntasuna argitu zuten, indarrik gabe eta etengabe. Gero eta altuago entzun zen sirenaren hotsa, oihartzunarekin eta guzti. Iratzargailu madarikatua¡¡¡ Akabo gure artekoa.

Hutsik geratu nintzen, beso zabalik, norbaiten zain. Ametsa pentsatu gabe etorri zen eta, ezer esan gabe, joan zen. Eta bera ere bai. Momentu batean, betirako nirea zela sinestu nuen. Gizajoa¡¡¡ Egiatik inoiz baino urrutiago…

Azkenean, horma bat bakarrik izan nintzen berarentzat. Eusten ahal duen tokia, malkoak uzten ahal dituen sorbalda... Oraindik, elkar ikusten dugu. Nire alboan ibiltzen denean, begirada bat botatzen dit eta erdi ezabatua bere lagunaren izena ikusten du. Baina Mikel ez da agertu, ez dago. Eta berarekin, joan ziren malko guztiak. Bereak… nireek hor jarraitzen dute, egunero lurrera erortzen. Inork ez daki zer gertatzen den... agian zulo batetik ateratzen dena tantaka edo, besterik gabe, hezetasun handiaren ondorioak. Utzi zituen malkoak.

Gauero beraren zain egoten nintzen baina sekula ez zen itzuli. Gustatuko litzaidake berarekin hitz egitea edo zerbait gehiago. Bere kezkak hartuko nituzke nire bularrean, beharbada. Gau hartan bezala, lekukorik gabe.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Carta a la luna















Mis letras escriben un futuro sin ti, pero ya es tarde… no puedo borrarlas, habitan y se expresan en el papel de mi vida en blanco. Y corren. Sí. Corren por delante de mis narices, a lomos de las palabras salvajes, sin orden ni concierto, sin esperarme. Y cuando las alcanzo a leer, lloran por mis penas, se arrugan en la angustia de mi corazón, sueñan con amores de leyenda. Nada que contar, desfilan en frases entrecortadas por puntos suspensivos y trazan con hermosa caligrafía las mayúsculas de otro fracaso, de un amor de primavera que ya consumió sus efímeros capítulos.

Luna, lunita... estrellado en la noche que nos separa cada día de nuestra existencia, te escribo esta carta. Y te cuento que mis amaneceres son otros sin tus besos de plata, que en mi soledad te recito los versos más tristes del universo, que lloro desconsolado lo que pudo haber sido y nunca será... pero tú ya lo sabes.

Luna, lunita... eclipsado en el más lúgubre de los ostracismos, mi corazón se hiela en las madrugadas de tu indiferencia. Y me desangro al imaginar que otros brazos te esperan, que serán otros labios los que paladeen la miel de tu boca, que el calor de tu pecho tiene otro dueño... pero tú ya lo sabes.

Luna, lunita… el destino ha querido que estemos más cerca, pero de mí pasa de largo, sin detenerse en la estación en la que hace tiempo aguardan mis sueños. Y aunque ya no volverá a pasar nuestro tren, me quedo esperando toda la eternidad, con las maletas cargadas de amor, con las manos vacías... pero tú ya lo sabes.

Oculto tras las montañas de mi cobardía, te miro temeroso, con la sensación de estar siempre fuera de lugar. Tu luz de plata atraviesa la noche y, en el oscuro olvido mis días radiantes, me muevo entre las sombras de mi alma en pena, sin dejarme ver, sin querer ver cómo me dejas... para siempre.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Azul




El cielo ha robado el azul de tus ojos. Ha sido por la noche, mientras dormías. Escondido tras su manto de estrellas, se ha colado por la ventana entreabierta de tu última mirada. Y un segundo antes de que tus párpados se sellaran, ha cogido tu color al vuelo y se lo ha llevado puesto. Eso sí, sin hacerte daño, deslizando mil caricias por tus mejillas, pintando tus sueños con su purpurina de plata, llenando tu almohada con besos de algodón.

Y en su huída hacia el día siguiente, por las prisas azuzado, de la nocturnidad de los hechos presa, el celestial ladrón se ha fugado dejando caer tras de sí un reguero de lágrimas, gotas de amor ahora desperdiciadas… que en silencio guardabas para mí. Tu expoliado llanto lo ha inundado todo y, sin romper el alba, ha nacido un mar de azules, espejo de tus ojos en el que el cielo se mirará al amanecer, como si nada hubiera pasado, sin disimulo.
















Acunada en tu lecho de rosas inexistentes, añiles como tus luceros dormidos, sueñas con lo inalcanzable... y te rindes sin condiciones al amor que amas, y le dejas hacer a ciegas, sin prisa, abandonándote al deseo que tantas veces te ha matado, con las puertas de tu corazón abiertas de par en par hasta la alborada. Fluyen y fluyen las fantasías en la duermevela como antes tus ríos de lágrimas llenaron mares de dudas. Y mientras tu cuerpo se agita en el oleaje de la pasión, tu alma flota de paz, sin resuello, feliz.

Entonces, al balcón de tu iris marino asomados, extinguiendo de golpe el fuego que ardía en los valles oníricos, los primeros rayos del sol te susurran al oído dulces auroras que anuncian la luz del nuevo día. En tu boca tatuada una sonrisa, caliente todavía en el pecho el placer de los sueños, abres tus ojos hasta el infinito. Y ves, y me haces ver, un mundo diferente, donde todo está pintado de azul, donde cada mirada es una declaración de amor, donde el cielo y el mar no tienen horizonte que les separe. Azul, como tus ojos.

Xeli Alcaide (@bbbllum en twitter) pone los ojos en este relato y ha seleccionado las imágenes. Además, reúne sus letras en el blog 'Camí de la llum'(Camino de la luz) http://llumbbb.blogspot.com/.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Metros de ilusión

“Ya no caben más versos en el mundo”. Lo he leído en las entrañas de Madrid, donde las vidas circulan meteóricas de parada en parada, sin tiempo de arribar a la última estación, aquélla para la que sólo tenemos billete de ida. Presa del ultimátum, mis versos se han despojado de inmediato de sus rimas y, al aire sus vergüenzas, se han hecho prosa. Y ahora son pasajeros que viajan en todas las líneas, mostrando el punto y seguido en cada cambio de trayecto, llevándose la música a otra parte.

Bajo el suelo de la ciudad corren libros de mano en mano, pero es literatura de garrafón, para todos los públicos, servida en recipientes de usar y tirar; novelas a granel que mezclan mal y se suben a la cabeza; monótonos encuadernados de los que huyen despavoridas las letras y que, en un cerrar de ojos, se convierten en espejos para esas mentes desgraciadas que dormitan en blanco.

Sea como fuere, en las catacumbas de la modernidad las historias fluyen como ríos y nos llevan a mundos nunca antes imaginados; quimeras que estallan como fuegos artificiales al ver la luz del sol, cuando las bocas del metropolitano vomitan personas de todo tipo y condición y, con ellas, sus ilusiones depositadas unos cuantos metros bajo tierra.

















Perdida para siempre mi batalla con la realidad, mi vida, que ya sólo habita en los adentros, transita en un vagón que a ninguna parte lleva, donde la oscuridad es perpetua y los sueños zarandean mi alma como quieren. Entonces, a salvo de la cruda verdad, imagino que te veo, sentada cada mañana en el mismo asiento, tus cabellos castaños lloviendo sobre las páginas de un libro.

Tú lees... y yo escribo, garabateo rimas en un trocito de papel que se arruga entre mis manos nerviosas. Sin levantar la vista, sueño con que mis labios descansan en tu sensual cuello desnudo, entre besos de amor, bajo la protectora mirada de la luna tatuada en tu piel.

Tú lees... versos de Borges en los que tus ojos se posan para alimentar sus miradas de miel, haikus que recito al mismo tiempo que salen de tu boca porque... seas o no el sueño que olvide antes del alba... mi vieja mano sigue trazando versos para el olvido.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Miradas

















Cada día, a la misma hora, nuestras vidas se cruzan. Pero tú no sabes nada, la tranquilidad de tu rostro delata inocencia, los ojos verdes de tu limpia mirada escrutan de otra forma el mundo, sin el dolor de amores pasados.

Si tú supieras... todas las mañanas te miro pero no me ves, ensimismada en tus cosas caminas calle abajo, los rayos del sol prendidos en tus cabellos de oro, la naricita levemente sonrosada por las caricias frías del viento, tus blancas manos a salvo en los bolsillos de tu abrigo.

Si tú supieras... pasas a mi lado, casi rozándome y mi cuerpo, tenso como un arco, se siente acariciado. Y detrás de ti van mis verdes ojos, testigos diarios de tu sencilla hermosura, cegados por el cometa de tu nacarada piel, fuera de su órbitas para no perderse ni un detalle de tu ser.

Si tú supieras... he imaginado que tus pequeños labios encuentran refugio en los míos y mil veces me he preguntado a qué sabrán tus besos. Y sería tuyo mi pecho lleno de abrazos y mis manos, siempre traviesas, sin desmayo jugarían a buscar las tuyas.

Si tú supieras... bañado por la nube de tu perfume, embebido por la infusión de tu inconfundible fragancia, he anotado varios versos en un papel en blanco, estrellas fugaces en la noche de hielo, brotes de amor en el desierto que quema mis días.

Pero tú no sabes nada. Eres feliz en tu ignorancia, sostienes sin miedo tu mirada en la mía y, al pasar, tu sonrisa se hace destellos que iluminan la soledad de mi existir. Y sueño, sueño con la música de mis labios al pronunciar tu nombre, notas desconocidas en una partitura anónima. No, no sabes nada, aunque cada día, a la misma hora, nuestras vidas se cruzan.

jueves, 25 de noviembre de 2010

En silencio



Encerrado en mí mismo, empapada mi alma de nostalgia, ciego de tristeza, haciendo oídos sordos a tus cantos de sirena... sólo los débiles latidos de mi agónico corazón me acompañan. Y, desnudo en la fría noche de mi amor, vivo apagándome, poco a poco, sin pulso, sin ruido.

Déjame que enferme de soledad y que muera por no haber querido vivir. No, por favor, no quiero que tu sonrisa seque mis lágrimas, déjalas que sigan alimentando ese inmenso océano que nos separa. Y permite que mis penas se ahoguen en el oleaje de tu infinito olvido... mascando la tragedia, resignadas a su suerte, sin auxilio.

Y no, no llames a mi puerta. No estoy. Búscame en el camposanto de los poetas tristes, al pie de los cipreses, oculto entre las malas hierbas, sepultado sin flores ni grandilocuentes epitafios en mayúsculas, condenado al ostracismo de una vida eterna. Y si me encuentras, no soportaría plegarias ni sollozos, ni leer en tus sensuales labios los crueles ‘tequieros’ que me han enterrado en vida.

Duele, duele mi amor por ti, duele tanto que ya no siento nada. Y cada día sin tu presencia es una puñalada criminal, un disparo seco en el pecho de mi desgarrada existencia. Más la herida tantas veces horadada ya no tiene sangre que derramar... salvaje hemorragia que reventó los diques de mis sueños, charcos de indiferencia en los que yace exánime mi corazón, sin querer, sin resuello.

Traen los vientos el susurro de tu aliento y los rayos del sol posan en mis labios el recuerdo de tus cálidos besos, pero mis ojos se cierran en la niebla que me envuelve... Y callo, callo porque ya no soy dueño de mis palabras, callo porque mis versos me hieren hasta la muerte, callo porque son mudas las rimas de mis poemas. Perdona, perdona mi silencio, en silencio.

jueves, 18 de noviembre de 2010

La casa de los besos

A veces los recuerdos desaparecen y se quedan a vivir para siempre en el olvido. Sedientas arenas movedizas que se beben hasta la última gota de aquellas tardes de amor, olas gigantes que sepultan nuestros sentimientos bajo montones de indiferencia, fuegos extinguidos que renuncian a avivar sus llamas evitando el roce de miradas, cuerpos ahora extraños que antes la pasión inquebrantable esculpió unidos.

Mis besos trepaban por tu cuerpo como una enredadera escalando al cielo. Y la estela marcada por mis labios en tu piel era camino para mis manos traviesas, que en su ir y venir nervioso desvelaban a la noche tus bellas formas. Entonces, bañadas en el mar blanco de la luna, eran faro para mis deseos que en incansable travesía soñaban con arribar a tu ensenada. Y una vez allí, amarrado a tu corazón, moriría cada día de mi vida flotando en la ingravidez del amor.


En la fría oscuridad del invierno, abrazados en una combustión de hielo y fuego, recorrimos nuestros cuerpos a las puertas de esa casa abandonada, guarecidos en el inmenso portal de las estrellas, las luces de la carretera apocadas por el filtro de un castaño de ramas desnudas. Y en la soledad de la madrugada, tus labios escarcha en los míos, mi cuerpo volcán en el tuyo, aprendimos a amarnos.

Y de aquella morada sin dueño fuimos 'okupas', casa de los besos donde nuestros labios se sellaron por vez primera, solar desamparado que fue patio de juegos clandestinos, jardín prohibido en el que florecieron tu sexo y el mío regados por el deseo.

Arrugas en la cara y en el alma, mis ojos viajan al pasado para imaginarte en mis brazos. Y donde hubo delirio apenas si quedan unos remotos rescoldos del recuerdo, y de nuestro refugio secreto nada queda en pie, derribadas las paredes, demolidos nuestros sentimientos, un océano de asfalto en la pradera en la que rodaban anudados nuestros cuerpos. Y de la casa ya no queda nada… y de tus besos tampoco.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Los sueños rotos





















Hay sueños que de tanto soñarlos,
se alejan para siempre de la realidad,
quiebran el corazón sin piedad
y en el alma estallan en pedazos.

Por los aires saltan las ilusiones
como mueren las olas del mar
que hastiadas de sin rumbo navegar
a espuma reducen sus pasiones.

Y de bruces contra la escollera
amores imposibles añicos se hacen,
en las piedras del destino se esparcen
y de los besos apenas la estela queda.

Se rompen, se rompen los sueños
y su fractura aflora sentimientos mutilados,
congela ardientes deseos anhelados
y de lágrimas cala todos los huesos.

Almas destrozadas vagan por la playa
buscando una burbuja de supervivencia
que de los sueños rotos de impotencia
como un hilillo de luz escapado haya.

Y entre las tinieblas del abismo nace
un nuevo quebradero para el corazón
pues vivir no sabe sin la emoción
de enamorado seguir en sus trece.

jueves, 4 de noviembre de 2010

La mano asesina


A manos llenas, ignorando los peligros de lo inexplorado, el último beso escrito en un final de rutina, abrumado por tu generosidad, tu nombre era una flor en mis temblorosos labios… así recogí tu amor. Ya era verano en mis tardes de mayo, el sol no cabía de gozo en el azul del cielo, cada noche se estrellaba en la hermosa luna y mi corazón, ay mi corazón, sufría de placer en el tiovivo de tu pasión.

Sin oír la música de tu voz, sin conocer tu adorable rostro, sin sentir el calor de tu piel en la mía, sin apagar mi tristeza en tu sonrisa de colores, sin advertir en mis ojos la miel de tu mirada… así recogí tu amor. Y cosidas nuestras manos, cercanos en la brutal distancia, emprendimos travesía hacia la locura infinita. En la orilla de un océano de palabras, bañadas en los vaivenes de olas de ‘tequieros’, nuestras vidas se desnudaron por completo. Y tus besos arrancaron rimas de mis labios, y mis brazos abrigaron la desnudez de tu cuerpo rotundo, y tus pechos se estremecieron acariciados por mis dedos… y cada madrugada nos amamos como si no fuésemos a ver la luz de otro día.

Pero un día abrí la mano… y nuestro sueño se desparramó entre mis dedos y desapareció como los charcos que se evaporan bajo un sol inclemente, como las gotas de lluvia que nunca besarán la tierra, como el agua que no remonta el río, como las lágrimas que mis labios desearían borrar de tus ojos.

Pero un día abrí la mano… y nuestra ilusión batió sus alas y se difuminó entre las nubes como el pájaro que no regresa al nido, como la mariposa que se pierde en la inmensidad de un bosque de girasoles marchitos, como el globo que escapa de la custodia de un niño, como el cohete que se desintegra en su atrevido camino hacia el espacio.

Así perdí tu amor… con la mano abierta que temerosa te despidió sin tiempo a decirte hola, con la mano abierta que inconscientemente te empujó hacia otros brazos, con la mano abierta que cerró para siempre tu boca llena de versos, con la mano abierta que debajo de su palma escondía la daga que aniquiló a nuestros corazones. Mano asesina.

viernes, 29 de octubre de 2010

Amor sin techo


Es noche cerrada en mi vida. Oscuros e imponentes silencios me envuelven hasta la asfixia, y mi lacerada alma arrastra desnuda sus penas por las angostas calles de la supervivencia. A la luz de la luna, bajo su toldo de estrellas, doy con mis huesos en los fríos adoquines y clavo mis ojos en el negro firmamento, esperando que se abra un claro en el cielo, deseando ver una señal tuya... aunque sea fugaz.

Eterna es la madrugada de mi amor que vive a la intemperie, cuando el invierno de mi existencia asoma su nariz helada, cuando ya no hay besos que cicatricen las heridas abiertas en mi corazón, cuando las oportunidades perdidas duelen más que la soledad de los últimos días de existencia… Pero en el molde de mis abrazos aún cabe el calor de tu pecho, y mis manos de explorador fracasado todavía sabrían recorrer con pasión todos tus tesoros escondidos, y la miel de tus labios sellaría para siempre los míos secos y cortados.

Infelicidad... infelicidad que sueña cambio sobre un improvisado lecho de mugrientos cartones, que en plásticos embutida crece generosa como una planta de invernadero, que en el alcohol de vino rancio y litronas encuentra su alienante caldo de cultivo, que vive sorda y ciega en su mundo decadente. Sin techo, endurecido por el viento de los sinsabores, roto por los puñales del desamor, mi corazón pulula en el más allá del inexistente limbo.

Y cuando mi dignidad está por los suelos, apareces tú para dar cobijo a mis desdichas. Y tu hermosa sonrisa hace millonario a mi amor indigente, y el brillo de tu mirada es un portal entreabierto en una gélida noche de enero, y al placer de tus caricias mi cuerpo entumecido recobra su deseo de tatuarse en tu piel hasta alcanzar el éxtasis absoluto. Entonces, sin techo, puedo vivir desnudo al abrigo de tu amor, puedo dormir enroscadito a tu espalda de terciopelo, puedo dar ese amor que, de rodillas y encartelado, tantas veces te supliqué céntimo a céntimo.

jueves, 21 de octubre de 2010

En el viento

Gemidos lastimeros silban entre las rendijas de mi alma, en corrientes de tristeza aúllan mis sueños y, a cada interminable segundo de tu silencio, mi corazón se desangra alcanzado por el estallido de cristales rotos... las ventanas que abrí hacia ti se hacen añicos, tu amor sopla hacia otros labios.

Un torbellino de frustración me sacude, huracán que azota sin piedad las copas de los árboles y estira sus ramas hasta desmembrarlas. Sin sembrar vientos, recojo tempestades... lluvias que me empapan con tus ráfagas de desamor. La angustia se lleva en volandas mis ilusiones y mis sentimientos se estrellan contra el cemento de tu ausencia como pájaros sin alas.

Desarbolado, arrasado, es mi existencia un paisaje de desolación, una pradera estéril. Y con la cruz de mi ignorado deseo al hombro, deambulo por ese camino hacia la nada que nadie ha recorrido. Las hojas caídas levitan en remolinos alrededor de mis pies, son besos sin vida que crepitan sólo con mirarlos, son abrazos arrancados que dejan mi corazón frío y desnudo... así está mi amor, se lo ha llevado el viento.


Solo, solo de nuevo. Me ahogo sin el aire de tus pulmones, me falta el aliento sin tus jadeos acurrucados en mi pecho. Y sola, sola en el negro universo que me has dejado, la luna está al día de mis penas. Y sé que sufre por mis desvelos, que pasa las noches en vela. Y mientras el ciclón de mi impotencia se apacigua en suave brisa, me lanza estrellas que en vuelo rasante iluminan la sombra de lo que fui.

Asomado al acantilado de mi vida, dejo que el frío me rompa la cara mientras busco respuestas en el viento… en el viento, en el viento. Dime amor… qué fue de los buenos aires con que me arropaste por las noches a la luz de la luna, en qué labios se posaron los besos que salieron de tu boca, dónde está la sonrisa de colores que pintó de felicidad cada amanecer.

Ojos doloridos de buscarte en el infinito, allá donde siempre soñé que el mar y el cielo somos tú y yo… y cuando ya quiero morir del todo, siento una mano cálida en mi espalda desnuda. Es el viento del sur que me trae tus caricias, que susurra tus versos en mis oídos, que juega con mi pelo como si suyos fueran tus dedos, que se pega a mi piel con la pasión de tu cuerpo rotundo. Amor, nunca te fuiste... estabas en el viento.

La imagen del relato, 'Buenpas 35', es de Juankar Hernandez (puedes seguirle en twitter, es @juankarh) y puedes admirar su obra en el blog 'Fototeka, bizileku' (http://juankarh.blogspot.com).

jueves, 14 de octubre de 2010

Llueve, llueve en octubre


Llueve, llueve en octubre... otoño naciente que resbala por tus mejillas, verano muerto que llora sin tus besos, a tu piel mojada huelen las hojas que desnudan a los árboles. Sueño que tus labios me empapan en un diluvio de amor, pero despierto seco en el desierto que agua la fiesta de nuestras ilusiones, y la nada que a la fuerza nos distancia me inunda y borra mis orillas.

Llueve, llueve en octubre... pero el verdor de tu paisaje amarillea y ya es agua pasada, y mi corazón se marchita si el goteo de tu cariño no lo riega, y mi alma se agrieta como las rocas que nunca reciben el abrazo de las olas. No hay sequía más inmisericorde que la carencia de tu pasión tormentosa, no hay sed más brutal que leer tu ausencia en mis ojos vidriosos, no hay río más yermo que mi corazón bombeando a litros su tristeza.

Llueve, llueve en octubre... y el caudal de mis penas se desborda por los caminos, y saltan salvajes mis lágrimas montaña abajo sin nada que las detenga, y mi pesar todo lo arrolla en una vertiginosa caída que arrastra a su paso los lodos de mi vida. Porque pensar que la lluvia fina de tu sonrisa cala otros huesos, me deja seco; porque saber que te bañas en otro mar de caricias, me hunde; porque imaginar que al calor de otros brazos te abrigarás en invierno, me ahoga en mis propios celos.

Nunca supe nadar y guardar la ropa, nunca supe ponerme a salvo en medio de la tempestad. Y dejé que la desnudez de mi alma fuese apenas papel mojado en cada aguacero, sin atreverme a saltar el charco que me separaba del deseado cobijo. Pero ahora que la felicidad emerge de tu manantial a borbotones, quiero ser feliz aunque no me salpique; pero ahora que mis pies siguen fríos en el remojo de la desdicha, ansío con ardor ver de nuevo tu sonrisa de arco iris. Llueve, llueve en octubre... llueve sobre mojado.

jueves, 7 de octubre de 2010

Manos

Dame tus manos, siente el cálido afecto de mis guantes invisibles, recorran tus dedos los míos en improvisadas caricias, exploren mis yemas las líneas desiguales que escriben el mañana en tus palmas. Descifrado el incierto devenir en el que se han balanceado nuestros temores, abre tu pecho y deja que nuestros corazones se juren amor para siempre.

Manos en un puño, pupilas que se abrazan a la primera mirada y, en un rápido cerrar de ojos, se abren generosos nuestros labios para decirse en un único beso todos los versos que la distancia ha escrito. Nuestras húmedas lenguas se funden en una sola y hablan el mismo idioma, lenguaje de signos a flor de piel que rompe con las barreras de la incomprensión. Y no hay palabras. Y no son necesarias.


Puente de manos que acerca mi norte a tu sur, que se ha trazado en blanco y negro para que el dibujo de nuestras vidas nazca con el gris uniforme de la igualdad y que el mestizaje lo pinte de los colores del arco iris. Puente de manos entrelazadas que se asienta sobre los pilares del conocimiento y la comprensión mutuos, que cada día que hablamos es más largo porque frase a frase, piedra a piedra, se reduce la distancia geográfica que nos separa.

Manos en la oscuridad que a tientas recorren tu anatomía, mi oscuro objeto de deseo, sin que en la negritud de la noche se sepa a ciencia cierta si somos dos o somos uno; cuerpos que son sólo blancos bajo el violento fulgor inmaculado de la luna, como copos que se pierden en una inmensa nevada, como palomas que migran llevando la paz en sus besos.

Convivencia....amor ciego que mira directamente al corazón sin visiones superficiales; amor que no profesa otra religión que la de nuestros mandamientos comunes; amor que rompe mitos y tabúes aunando culturas; amor que nace desde el respeto y crece henchido de sentimientos; amor de sólidas raíces que ya expande el aroma de sus flores nacientes.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Amor en huelga

Volví en mí, pero ni yo mismo me esperaba. Había sido un golpe muy duro y, una carta de despido después, los ecos de mi corazón en rebeldía me despertaron. Megáfono en mano, recorrían las calles de la frustración clamando un eslogan que para ti ya había pasado de moda. “Te amo” era la soflama incendiaria que me quemaba por dentro y arrojaba mi boca, lema perentorio que coreaba mi angustia con la música de fondo de mis débiles latidos, titular destacado al día siguiente en el diario de mi vida.

No me podía quedar parado ante la injusticia, no quería....y empapelé las estrellas del universo con tu sonrisa, y todos los muros leyeron mis pintadas de amor, y te lancé al cielo millones de besos en burbujas. Todo por seguir a tus órdenes, todo por amar y ser amado, todo por no estar los lunes al sol. ¿Qué quedaba del contrato que unió a nuestras almas sedientas? Besos caducados, miradas ciegas, caricias frías, palabras huecas, cuerpos inexplorados al albur de amantes futuros.


Amor en huelga. Manifestada ante el mundo mi profunda desolación, rotas las suelas de mis botas por los kilómetros de tu indiferencia, a rastras la bandera de mi esperanza, dejé clavados mis versos más tristes en tu jardín. Y en un último arrebato de furia, exploté como un volcán eterno. Fuego de mi pasión herida en las barricadas, sueños que se reducen a cenizas, suicidio colectivo de deseos que se carbonizan, mi corazón en llamas....después, sentado ante el balcón de tus ojos, lloré a gritos por tu amor indefinido. Hasta quedar inconsciente.

Y volví en mí cuando ya nada esperaba de ti....para descubrir que mi tormenta imaginaria era agua pasada, para saber que sin despido no hay readmisión, para oír de tus labios los ansiados ‘tequieros’. Y a la luz de un nuevo día, mis ojos se dejaron cegar por tu hermosura, y mis cabellos fueron rizos entre tus dedos, y tu lengua lamió en son de paz cada una de mis heridas virtuales, y nuestros cuerpos volvieron a ser uno bajo las sábanas.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Galería de otoños

Avanzo a duras penas entre un mar de hojas inermes. Crujir de naturaleza muerta que siega mis pies, pasos que se ahogan en la alfombra policromática, camino del camposanto. Los cipreses me miran con compasión desde su atalaya, verdor de hiedras en la bienvenida, escalofrío seco de tumbas abiertas, lágrimas de flores marchitas sobre cada lápida.

Y siento que por detrás me coge tu mano fría, pequeños tus dedos se hacen nudos en los míos, tu aroma a jazmín es el aire que respiro, la tierra mojada también huele a ti....tan virtual como amada, tan lejana como deseada. Caminamos dando tumbos en el cortejo fúnebre de mi amor por ti, plañe mi alma destrozada. Y, del brazo, me das consuelo haciendo tuyos mis versos en plegaria, contándome al oído lo que pudo ser y no fue, susurrándome tus labios ese tango que nunca bailamos.

Lúgubres escenas en negro, óleos de fracaso que pintan los trazos del desamor, aventura que acaba bajo la desafiante mirada de la luna llena de esta noche. Séquito fiel de estrellas, la bella dama blanca posa más radiante que nunca al romper el otoño, como florece en tu rostro la primavera de tu nuevo amor mientras mi corazón se retuerce malherido entre la hojarasca.


Palidez de amarillos, ocres apagados, paleta de marrones....colores que pigmentan mi primer otoño sin ti. Ramas desnudas a la luz de los últimos días del verano, como mi ánima se encoge cuando la atraviesan tus focos de miel. Rojizos, castaños y dorados tus cabellos, teñidos al esconderse el tibio sol de septiembre, en esos atardeceres que soñamos a la orilla del mar y que ahora lloro a la sombra de la tristeza.

Otoño del viejo poeta, asoman plateadas mis sienes y mi rala barba apunta los primeros copos de nieve. Ocaso llegado verso a verso, el viento se cansó de escuchar mis canciones de amor, coplas románticas siempre sin respuesta, flechas sin rumbo que nunca llegaron a su destino. Tú....hermosa criatura láctea, sonrisa de arco iris, caricias a flor de piel; tú....besos que ansiaron comer mis labios, pasión encendida en tu volcán, eterno cuerpo primaveral tantas veces deseado.

Galería de otoños, colores que conviven y se mezclan como mis sentimientos, desfile de vidas que se cruzan sin tocarse, historias de amores que nacen y mueren, malditas palabras que nunca quise escribir de ti y de mí.

Nataixa Ros (@nanastar en twitter) ilustra el relato con 'Micromacro Blau'. Puedes admirar la obra en su blog http://nataixaros.blogspot.com (perdón, pero un fallo técnico me impide poner el enlace directo, pero puedes acceder desde la lista de mis blogs favoritos).

jueves, 16 de septiembre de 2010

La soledad de Twitter


A media luz, abierta la claraboya a la noche, empapado por la lluvia de estrellas, he oído su gorjeo llorón. Nunca hasta hoy había reparado en la melancolía de sus trinos. Quizás es el eco de mi corazón sin alas, preso en la jaula del desamor, la tristeza anudada a su garganta, quien canta entre lágrimas.

Y cada pocos segundos, la misma cantinela. El sonido desdichado que martillea mi cabeza, que silban con pesar mis labios rotos, que acelera el caos de mis desamparados latidos, que retumba en la enorme orfandad de otra noche sin tus ‘tweets’. Sinuosas y alegres callejuelas, de recovecos jalonadas, por donde antes corrían hasta el desmayo nuestros deseos....ahora vastas y grises autopistas, atestadas de gentes y caracteres pero vacuas para mí; bulliciosas porque a pesar de tu ausencia la vida sigue, pero mudas a mis oídos. Vacías sin ti.

Te fuiste sin avisar....como se desvanece la espuma de las olas en su abrazo suicida con las rocas, como la lluvia que se seca antes de besar la tierra, como la luna que decide dejar de trasnochar, como el sol que se esconde para siempre entre las nubes. De repente, estoy solo, solo ante mi lista de contactos. Y mis palabras de amor son ‘clicks’ que rebotan en el muro de mis lamentos, y mis besos voladores se quedan huérfanos sin tus labios, y mi alma cruje sin tus caricias a distancia.

He escrito muchas veces tu nombre en el buscador de mis recuerdos, pero las letras se marchitan como pétalos arrancados. Mis ojos quieren pensar que aún ven tu hermoso avatar brillando entre mis seguidores. Y en mis sueños tu sonrisa todavía ilumina mis menciones. Riman mis versos en seis palabras. Y mi corazón ansía morir de amor leyendo en mis DMs tus últimos ‘tequieros’.... Espejismos de mi travesía en el desierto, crueles estertores de mi amor en agonía, sudor de temblores fríos en la inmensa soledad de Twitter, vida que no es vida sin tus ‘tweets’.

jueves, 9 de septiembre de 2010

La puerta del olvido



Hay días en los que cruzo la puerta del olvido. Y me doy de bruces con tus recuerdos....flores muertas en las yermas hojas de mi vida, alas de mariposa que ya no vuelan, imágenes oxidadas de momentos felices, imperceptible tarareo de una canción de amor que se la llevó el viento.

Y deambulo indeciso en la noche de mi corazón, arrastrando mis penas hacia el destierro, sin saber si voy o vuelvo, sin recordar si fui, sin importarme si soy. Porque cada segundo sin ti es un grito de soledad en el desierto, una pesadilla que me sobrecoge en la madrugada, una noche sin el manto estrellado de la luna. Y la nostalgia me ahoga en su mar abrupto, y la tristeza me cala hasta los huesos, y la angustia se apropia del oxígeno de mis pulmones.

Amnesia de ti implora mi amor malherido....pero lo hace por la boca pequeña, a regañadientes, de cara a la galería. Y si cubre con una venda de niebla los ojos de mis sueños, lo hace poco convencido, a la fuerza, cumpliendo órdenes de no sé quién. Tal vez, soy yo mismo. Maldito sea por cerrar a cal y canto mis labios a tus besos, maldito sea por yacer como un cuerpo muerto entre tus brazos, maldito sea por dar sepultura de hielo a tus ardientes deseos….

Y en los momentos de mayor zozobra, cuando tu ausencia me atormenta y todo parece perdido, diminutos haces luminosos apagan la oscuridad del cielo y encienden mi tenue esperanza. Porque una sola palabra tuya son miles de versos escritos; porque tus ‘holas’ de vaho que alientan la ventana de mi chat dan portazo al olvido; porque, dos puntos y cierra paréntesis, tu bella sonrisa se queda a vivir en mis pupilas.

Hay días en los que olvido cruzar la puerta de los recuerdos. Y la luna encuentra a mi amor desvelado....en los kilométricos caminos de caricias que nos quedan por recorrer, en los húmedos ósculos que acabarán de por vida con nuestra pertinaz sequía, en el ansiado volcán en erupción de nuestros cuerpos.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Botella de mar

“Vendo el mar en botellas”. Hoy que es mi último amanecer asomado a la ventana del Mediterráneo, he recordado este inverosímil anuncio del chiringuito de la playa. Cuando todo está perdido recurrimos a la fantasía, cuando la realidad nos abofetea empadronamos nuestras penas en el reino de Morfeo, cuando el amor es imposible el corazón no pierde la lunática esperanza.

Al abrigo de su manto de olas en las noches de estío, acurrucado sobre el colchón de arena, me he dejado arrullar por su nana eterna sin despertar a su ausencia, sin pensar en mi partida. Ahora que el asfalto siega el verano bajo mis sandalias, deseo que venga conmigo. “Quiero llevarme el mar”, ha pedido mi alma al entrar en el bar de los sueños, acodada en la barra, ebria de melancolía. Mientras mis ojos llorosos se clavaban en el cartel y mi vista se bañaba de soslayo en el ansiado azul turquesa, tu sonrisa de plata ha puesto en mis manos una botella de mar. “Ahora tu corazón es mío”, ha susurrado en mi oído la brisa de tus labios.



Perplejo por el inesperado intercambio, pero feliz por verme reflejado de nuevo en la miel de tus pupilas, mis pies descalzos enfilan sus pasos hacia la cala perdida....donde tantas veces nuestro amor se ha hecho real en el insomnio de mis quimeras, donde tu cuerpo desnudo ha sido mi tabla de náufrago, donde mi rostro ha dormitado sonriente en la escollera de tus blancos pechos, donde el primer sol del día ha despertado nuestro fuego dormido.

El mar en mis manos, mi corazón en las tuyas. En la soledad de las rocas, azuzado por la curiosidad, el tapón de coral se desliza entre mis dedos y el cristal marino se agita en rebeldía hasta que descorcha millones de olas gigantes tocadas con coronas de jazmín. Parece que viene tormenta en mi azul embotellado y mi amor, a la deriva por tus cantos de sirena, se hace astillas como un viejo cascarón. Perdido el rumbo, navego a merced de tus tempestades, el alma hecha agujeros por las vías de agua que abren tus enojos, casi hundido al saber que ya no son para mí tus buenos vientos. Y en el vaivén del maremoto de tus emociones, despiadados arrecifes invocan mi nombre para humedecer mis labios sedientos con el beso salado de la muerte.

Sin corazón que me pertenezca, ánima descosida, de los restos de mi naufragio sale a flote la ilusión de emprender una nueva singladura hacia tu amor. Y con la vista fija donde el cielo se hace agua marina, deshago los nudos de mis sentimientos e izo las velas para poner rápido tierra de por medio....con la esperanza intacta de poder llegar un día a tu puerto. Con mi botella de mar sin abrir, con mi corazón siempre en tus manos.

viernes, 27 de agosto de 2010

Piratas en la isla del eclipse

Rostro hundido en la arena, sabor a sal en la boca y las olas, ay las olas, susurran en sus labios de espuma la canción del fracaso. El mar vomita en la morgue de la playa los restos de su naufragio. Al lado del cuerpo ultrajado yace inconsciente su alma, el corazón late convulso entre las rocas y de su vida rota apenas si quedan las trizas desperdigadas que ha devuelto la marea.

Pero tras una larga y tempestuosa travesía, la calma se hace mar y el sol brilla poderoso en el cielo.....hasta para los más infelices. Y ella encuentra versos trazados en la arena, mapa de letras que dibuja un tesoro, haiku de esperanza que se abre de par en par.

Luna de plata,
en la isla del eclipse
tu amor sol ancla.




Sólo tres líneas, otra vida por delante, su nombre ya rima en otro corazón.
Bañada en la luz del nuevo día, su blanca tez resplandece como un hermoso jazmín desafiante en el desierto y su sonrisa vuelve a navegar guiada por sus dos faros de miel. Pirata de ojos preciosos, de cabellos teñidos del rojo atardecer, perla con ascentros mediterráneos que desata pasiones en los mares del Sur....el sol le aguarda en la oscuridad.

Mil batallas, mil cicatrices. Hoy sus curtidas manos arman versos, los tensan en sus arcos y son flechas que salen volando por todos los confines hacia una sola diana, la luna de plata. El viejo corsario luce de nuevo su agujereada oreja y, con la reina de la noche como bandera, se hace a la mar en busca de su botín más deseado. Las vacías botellas del whisky que quema su garganta se llenan de mensajes de amor que flotan a la deriva por los siete mares. Y los acantilados son abismos de poesía. Y cada isla perdida es una señal de humo que leen las estrellas. Y en las largas noches de espera en cubierta las coplas empapadas de ron sólo cantan a la blanca dama.

Atrás quedan otras aventuras, importan sólo las que restan por vivir. Lo gritan a los cuatro vientos. Pese a que luna y sol es el nudo irrealizable, pese a que el edén de sus sueños tampoco tiene luz en los mapas, pese a que el poeta de los mares vive el presente amarrado por los cabos del pasado, pese a que la princesa de las olas nada en otros brazos....

En el horizonte, un único rumbo. Y un solo deseo, fundir sus cuerpos incandescentes en la noche de los tiempos, iluminados por su ansiada explosión de placer, dejando a oscuras al mundo. En la isla del eclipse....donde el amor imposible ha echado el ancla, donde aunque sea solo por un segundo luna y sol serán uno, donde la bella pirata y el viejo corsario recogerán a manos llenas el tesoro de sus sueños.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Tu mar de caracolas

Hoy me he levantado temprano, antes que nadie. Enfermo del atroz insomnio que me fustiga, he soñado que me llamabas. Y mi corazón, siempre a tus pies, ha caminado desgraciado a tu encuentro sabiendo que, otro día más, chocaría contra la escollera de tu silencio. Apocado por la angustia, la noche sólo me ampara frente al mar....un mar sin puertas donde mi amor navega libre en su desvarío, un mar que contamino con mi vertido de lágrimas negras, un mar de brazos invisibles en los que imagino consuelo.

Ojos de niño, curiosidad o deseo, observo a la luna por una rendija abierta entre las estrellas. Hermosa, bello cuerpo lácteo, mi mirada lasciva se recrea en su blanca desnudez antes de que la cubra de sueños un camisón plateado de raso. Se acuesta sigilosa, pero con prisa, como si no quisiera cruzar una palabra con el sol, su amor eterno e imposible. Atormentado por la desdicha, es el sol un astro que ya sólo brilla entre escombros de desamor, una escoria de rayos que la tristeza ha apagado y que vagan inertes en la oscuridad.


Mar son mis ojos cuando se va la luna, pero en la playa de mi soledad la marea me trae tus caracolas, todo lo que me recuerda a ti. Dicen que el amor va y viene, como las olas, y a esa esperanza me aferro como náufrago a la deriva. Silban las olas el tango triste que me debes, mis labios se bañan en el bourbon que empapa los tuyos y, de repente, cruda realidad, me azotan sin clemencia las viscosas algas del olvido, sanguijuelas que quieren robarme tus recuerdos.

Ya en la orilla de mi fracaso, me sumerjo de nuevo en tu mar de caracolas queriendo revivirte una vez más. Y en cada caracola me susurras al oído deseos inconfesables. Maldito espejismo. Los sueños, como las olas, dejan sobre la arena las palabras que buscaba para coser mis versos rotos. Y la brisa ligera y húmeda me abraza con tu perfume de jazmín....pero el espejo de nuestro amor se ha hecho añicos y ya no refleja tus ojos de miel que me miraban ni tu sonrisa con la que abrigaba mis penas.

Hoy me acostaré tarde, porque quiero ver a la luna con su vestido de noche y su manto de estrellas. Su resplandor cegará mis ojos y me descabalgará de la ilusión que me mantiene con vida....para volver a caer en la arena de mi infeliz existencia, en la que la marea ha vuelto a dejar tus caracolas. Todo me recuerda a ti.

jueves, 12 de agosto de 2010

Mi castillo de arena

Ojos sellados, corazón abierto en la noche, me dejo arrullar por el ir y venir de las olas en triste sinfonía. Siento la arena fría en mis manos y el mar, nunca ajeno a mi desdicha, me consuela regalándome su espuma de rizos a cada visita. Impasibles las estrellas allá en lo alto, tenue su luz encendida a regañadientes, mis dedos construyen ateridos un castillo de sueños.

En silencio....modelo nuestra morada, como tantas veces he imaginado que recorro tu pequeña figura. Caricias de barro recién hecho, yemas que hurgan viajeras en cada uno de tus poros, deseos que despiertan al roce delicado de tu blanca piel. Y es tu cuerpo pasto de mis húmedos besos, como la arena se remoja en la orilla, en un baño eterno que fortalece las paredes de mi ansiado amor.


Misión de los días de mi vida, erijo mi castillo sin fecha de inauguración, siempre esperándote. Y cada grano de su arena es un segundo más para estar contigo. Arena que se desborda en el reloj de mi universo, que se derrama sin cesar por tiempo infinito, que crece por la erosión de las rocas de mi existencia maldita.

A tientas en la playa, espero tu aparición de cada noche cuando, luna redonda y hermosa, te dejas ver con todo tu esplendor. Y desde tu pedestal, observas atenta el trajín de mis manos, vigilas la obra faraónica que construye mi amor, cuidas del castillo de arena de mis sueños. Al sentir tu presencia, dejo que tus fríos pechos se claven en mi cuerpo desnudo, que tu corazón grande y cálido abrace mis dudas, que tus labios helados calmen mi febril ansiedad.

Antes de rayar el alba, el mar en calma, te vas sin decirme nada....como una ola que ya no vuelve a la orilla. Abro los ojos a un nuevo día sin ti. Y compruebo con tristeza que mi castillo de arena es un castillo en el aire, una quimérica ilusión en la que se engaña mi vida, una distancia insalvable que lloran mis deseos inalcanzables, un gemido de profundo desconsuelo.

miércoles, 4 de agosto de 2010

La pasión del unfollow


Su alma se desgarra sin solución, se deshilachan sus pespuntes a cada débil latido, apenas si se sostiene en hilvanes tan frágiles como el amor virtual que un día se cosió en sus labios. Sí. Se tambalea un amor forjado en la fragua de las estrellas, bañado en la plateada aleación de la fría luna, ardiente como el sol que le dio todo su calor.

Se desangra el corazón que él le abrió de par en par. Mana a borbotones víctima del puñal de su repentina indiferencia, frío acero que astilla venas y arterias a cada lamento, gélido metal que lo atravesó en la noche de la traición y que se ha quedado clavado para siempre. Sin darse cuenta, en apenas unos tweets, la distancia se fue haciendo más grande que los miles de kilómetros que les separaban….hasta que ella lo borró para siempre con un click fatal.

Con la levedad con que se posa un beso electrónico en la bandeja de entrada, había aparecido en su vida por primavera y ella, bella flor, le amó y se sintió amada. Y se vistió con sus mejores pétalos, y floreció la más hermosa de sus sonrisas, y lo impregnó todo con la frescura de su fragancia. Y no dejó de crecer su amor hasta romper las escotillas del cielo.

Hoy naufragan los deseos en sus propias lágrimas, el delirio de cada día se apaga en la hoguera de las quimeras, se han cansado sus dedos de escribir “te quiero”. Hoy son un volcán en erupción las entrañas de su alma, la sangre de su herida es un sirimiri incesante, se gangrena su amor abierto en canal.

Porque su mano, harta de preguntarle cuándo, disparó el arma de la liberación; porque su mano, hasta entonces tendida como un puente, se levantó para empuñar la daga mortal; porque su mano, pequeña y femenina, ejecutó el crimen con un ‘unfollow’ seco y certero. Un crimen pasional que llega sin avisar, gestado en la impunidad nocturna de furtivos DMs, que pone fin a un deseo tan insaciable como nunca consumado. Una muerte que a nadie deja vivo, pasión delirante que ahora muda en lacerante calvario, alumbramiento a una nueva vida en la que ni ella ni él creen.

jueves, 29 de julio de 2010

Cosas que nunca te dije

Lo esperaba. Tarde o temprano sucedería. Estaba resignado a mi esquiva fortuna, a ver la alegría sólo en los ojos de los demás, a servirme de la tristeza únicamente para unir versos hasta el infinito. Y, cruel vibración presagiada, el teléfono asoló mi corazón como un seísmo. Un respingo, mi garganta hecha un nudo y mariposas en el estómago, negras como tu primicia.

“Me voy”. Apenas cinco letras para decir adiós, un adiós amargo y no por breve menos mortífero. Un SMS mínimo en caracteres, pero máximo en tu duro e inapelable carácter. Los dedos de mi alma rota quisieron responder con un hasta siempre....pero la herida me desangró, cortó mi respiración, heló mis lágrimas secas.

Ahora que ya no estás, ahora que ya no estoy, te diré cosas que nunca te dije. Te diré que quise hacer mías tus huellas en la arena, pero el viento borró el camino castigando mi atrevimiento. Y el rastro quedó inacabado entre las dunas, sin llegar al bosque de la vida. Y tus pasos se esfumaron como nuestro amor, y sólo quedaron los míos....sin saber si van o vuelven. Sin rumbo.


Te diré que corté tu flor para que sólo fuera mía, pero su olor a jazmín se agotó. Y sus pétalos se tiñeron del amarillento cáncer, y sus verdes hojas barrieron secas mis pies, y su esbelto tallo se tornó escuálido y yermo. Y el riego de mi inconsolable llanto no fue suficiente para hacer rebrotar el jardín.

Te diré que quise robar la luna para ti, pero el sol cegó mis ojos....y de mis días ya sólo viví las noches. Y en mi oscura vida las estrellas brillaron por su ausencia, y no desperté más al alba junto a tu deseo dormido, y no hubo más atardeceres de manos entrelazadas ni besos naranjas con el mar en calma.

Te diré que te amo porque nunca te lo dije, pero ya no estarás para escucharlo. Y de tus labios no saldrán esos tequieros que me acosaban, y mi cuerpo no se rendirá a tus sensuales caricias, y tus pechos no buscarán el calor del mío en las tardes de invierno.

Tirada entre la hojarasca, en un mar de sangre, has soñado con mi amor correspondido. Sólo unos agónicos segundos porque, como si tuvieras prisa, tu consciencia te ha llevado en su último viaje y has dejado plantada a la vida. “Me voy”. Y he visto tu palabra cumplida....en la página de sucesos.

viernes, 23 de julio de 2010

Espejo de ojos verdes

Ojos verdes, somnolientos, a uno y otro lado del espejo. A medio abrir, pestañas todavía selladas por el sueño, sin foco en la vida, sin vida a la que enfocar. Como todos los días, un manto de agua alivia su cara acartonada por el inmisericorde paso del tiempo, gotas de frescura para un nuevo día.

Se mira fijamente a los ojos, como no lo ha hecho nunca. Y llega más adentro, hasta el alma....y ve su vida pasar. No es momento de hacer balance final, pero parece. Una mueca de fastidio ante su alter ego y, sin decirle nada, le da la espalda.

Una mañana más dribla a su pasado y se enfrenta a la incipiente barba blanca que puebla su suave quijada. Cuchilla afilada y mejillas temerosas, desaparece la espuma como se han esfumado ya sus mejores años. Siente el filo cortante que recorre su piel, segando las canas traidoras, dejando al aire cicatrices del pasado, amores fallidos que como almas en pena todavía rondan su existencia. Recuerdos, sólo tristes recuerdos.

Otros verdes ojos, el mismo espejo. Dos faros de esmeralda guían ahora su vida…reflejos en el cristal de la verdad. Luces de esperanza que le cautivaron, mirada que siempre se deja mirar abriendo sus ventanas de par en par. Flecha lejana que encontró en su cuerpecito la diana, bala perdida que cada día impacta amable en su corazón.


Las pequeñas manos se asoman por detrás y se posan en su macizo torso desnudo, los labios rojos se comen a besos su cuello....testigo es el espejo, el mismo espejo. Amor imaginado por fin hecho hombre, primavera de jazmines que llega tras un eterno invierno, abrazo ansiado hasta el desmayo. Blancos pechos acunados en sus firmes dedos, latidos que rompen el silencio, jadeos que susurran caricias deseadas, estrellas fugaces que viajan entre las nubes del placer, volcán en erupción que alumbra otro destino para sus vidas.

Y las mejillas derraman sonrientes las lágrimas de la acabada espera. Y las sonrisas se funden en un cándido beso. Mujer que ama hasta perder el conocimiento, hombre que resurge del abismo, luna llena que ilumina orgullosa todas sus estrellas, sol radiante que emerge por encima de las nubes.

Ojos verdes clavados en verdes ojos, espejo de almas que gritan felicidad a los cuatro vientos, vidriera de arco iris que olvida tempestades y anuncia tiempos mejores. Amor tatuado al cristal de sus amaneceres....para siempre.

viernes, 16 de julio de 2010

Mis viajes a la luna

Preparé el equipaje. Cuidadosamente. El ritual de siempre. Nada debía quedar al azar. En el espejo comprobé mi rostro limpio, lleno de tu luz, la mirada adormecida, el alma despierta. El agua del grifo me refrescó y, gotas resbalando por mis mejillas, suspiré por salir cuanto antes a la noche para recibir la bofetada de la brisa helada, para rasgar mi piel con tus puñales de plata, para sentir la cruel distancia que nos separa.

En la maleta, como siempre, tu retrato marchito, el eterno frasquito de lágrimas para el olvido y mi corazón herido de amor. Y nada más….y nada menos. Pasaporte en regla, sellado mil y una veces por las estrellas, rasgué mi camisa blanca y, a pecho descubierto, emprendí el viaje a nuestra bendita locura.

Antes de ascender los primeros peldaños de las nubes, me di la vuelta para mirar al crepúsculo. Desafiantes, mis ojos se clavaron en sus últimos estertores con desazón, con rabia, con angustia….y con la inútil esperanza de esos lunáticos que creen ver más allá de la terca realidad. Aguanté como pude el combate visual, enrojecidas mis pupilas por la ira del astro sin trono, en llamas mis quimeras por las flechas ardientes de sus celos, cegado mi camino por su mano de mil rayos.


Cerré los ojos y respiré hondo….como si fuese la última vez. En silencio. Silencio sólo quebrado por mis acelerados latidos, por mi deseo a flor de piel, por los suspiros de una vida que vive en la penumbra. Acunándome en tus fantasías estaba cuando una luz negra lo llenó todo y perdí la consciencia. Ya no era yo. O sí. Ya era mi verdadero yo, un alma errante que encuentra su razón de ser en los caminos de los sueños, un cuerpo que a la luz del día muere y se consume a cada segundo que pasa.

Acostumbrada mi ceguera a la negritud, fui recobrando poco a poco la vista en cada estrella encendida, en cada baliza lumínica que me conducía irremediablemente hacia tu amor. Entonces, vi la luz y me detuve un momento, extasiado, recreándome en tu plena y redonda albura. Tan cerca ahora, tan lejos siempre.

Excitado como nunca, me despojé por completo de los ropajes del fracaso y me dejé caer en los brazos de tu diurna noche. Cálida luz de plata sobre mi vulnerable desnudez, placer de caricias metálicas en cada poro de mi piel, besos incandescentes que queman mis labios, dulce de leche que tu insaciable lengua derrama y absorbe en cada centímetro de deseo. Explosión de amor que dispara los sentidos, que hace saltar fuegos artificiales de tu boca a la mía, que cada noche es un eclipse entre tú y yo.

Muerto de éxtasis, quedé inerte en tu lecho de cuerpos celestes mientras, mi amada, lo alumbrabas todo con tu sonrisa y colgabas en mi pechera una estrella fugaz, tan fugaz como nuestros oníricos encuentros. Recobrado el pulso, la alborada posó sus leves alas sobre mis párpados invitándome a emprender el retorno. Una vez más, abrir los ojos al nuevo día fue llorar tu ausencia, gritar otro amanecer sin tus besos plateados, despertar del sueño imposible.

Hoja de ruta en blanco, regresé a la realidad que me atormenta, a nuestra separación medida en miles de kilómetros infinitos. Y maldije al sol de julio por su largo reinado deseando la llegada de su ocaso para, una noche más, transportarme en la oscuridad de mis sueños hacia ti, mi luna.

domingo, 4 de julio de 2010

Fiesta en un pañuelo


El amanecer te sorprende solo, olvidado, anudado en un banco. Todos te miran al pasar, y nadie se acerca. Arrugado, sucio y trasnochado, sé que tienes mil historias que contar. Recojo tus palabras.

Días atrás, almidonado como nunca, el sol del mediodía te ve agitarte en una nube de pólvora y alegría. Y de una mano te haces rosca en el cuello, y de otra mano te cuelgas de la pechera como una medalla, orgulloso, símbolo de la Pamplona en éxtasis. Empapado de todo, vives la fiesta muy cerquita del corazón.

Por las noches, destiñes caricias del rojo que todo lo inunda. Bajito, muy bajito, oyes palabras de amor entre desconocidos. Y tapado sólo con el manto de las estrellas, te derrites entre dos cuerpos ávidos de deseo, sin dejar nada para mañana. Al alba, el miedo cosido en el cuerpo, entonas gargantas que cantan al santo. Y cuando el pavor corre desbocado por el empedrado, cierras los ojos y, a veces, sientes la muerte a tus espaldas.

Otrora icono de la fiesta, vives las horas más bajas maldiciendo tu soledad, enfilando sin remedio el ‘pobre de mí’. En mi bolsillo, lloras la despedida, pero ya falta menos. San Fermín.

La imagen es del fotógrafo Oskar Montero.

martes, 29 de junio de 2010

Cafés helados

Mis dientes se hielan a tu paso, tirita mi corazón y al final del sorbo, con el último suspiro, el latido golpea más fuerte en mi pecho. Quiero verte, cierro los ojos, se escarchan mis labios pegados....queriendo lanzarte un beso.

Como todas las tardes, antes de ponerse el sol, pido dos cafés....el tuyo y el mío. Negro y amargo para mí, azucarado y nevado para vos, dulce como te extraño. Nariz pegada a la ventana de la vida, escudriño rostros que van y vienen, busco tu avatar de rojizos cabellos....pero me duele la mirada, perdida en el infinito, llorando su miopía, agonizando ciega sin tu sonrisa.


Otra gélida flecha de cafeína atraviesa mi garganta, recuerdos de hielo florecen en su camino, explota tu ausencia en mi corazón. Y cuando te vas, en mi boca queda tu dependencia, droga dura que me engancha, vivo amor que me mata. Y me dejas con tu miel en mis labios mordidos, ebrio de una eterna sed que nunca se calma, ávido del deseo de fuego que jamás se extingue.

Clavo los ojos en mi tacita, vacía; en la tuya, el amor se sobra, se desparrama tu añoranza y la tristeza lo inunda todo. Fría como el témpano, el asa se agarra a mis dedos y mi boca grita otro café, ahora el tuyo. Y pasa el trago, otro más....y mi alma, henchida de soledad, plañe en cada gota.

Se consume la tarde, caduca hoja de mi existencia que muere. Y en la noche de mi invierno reina la luna. Radiante, se acicala en el fondo de mi taza, espejo de su plateada porcelana en la que yo sólo te veo a ti. Y a tu alrededor, los restos del café son estrellas que arrojan luz en mis sueños.

Cafés, siempre dos. Cafés helados por la infinita espera....que me dejan tu poso, que bebo a pares y pido de dos en dos, el tuyo y el mío....por si un día llegas.

lunes, 21 de junio de 2010

Retoques de amor anunciados


Hizo más grandes sus pechos, cuadró la imagen y le dio unos retoques con el ‘photoshop’. Redondos y apetecibles, los había encontrado en un ‘playboy’ que yacía en su cajón. Mañana serían objeto de deseo en el rotativo local.

“NOVEDAD.
TANIA, RUBIA EXHUBERANTE, 1,75 M. 120 PECHO
SEXO SIN LÍMITES. EN CASA Y A DOMICILIO. 6969696969”

La prostituta estaría satisfecha, sin duda. Se disponía a subir la foto cuando recordó que debía esconder sus pezones. Unas estrellitas robadas bastarían para tapar los ojos de la censura....los del deseo lo imaginarían todo.

Era su trabajo, la misma rutina, un día tras otro. Nada creativo....dinero, sólo dinero. Sus estudios de arte eran sólo un brochazo difuminado; sus mil tardes a la orilla del Sena, un vago recuerdo, apenas una afición que repintar en noches tristes y lluviosas, cuando los niños duermen.

Repasaba sutilmente el anuncio cuando Tania se le quedó mirando. Y se reconoció a sí misma en el espejo, rizos rojos en el cabello y verdes ojos agazapados tras una mirada melancólica. Se vio en un cuerpo que no era el suyo, con una vida que nunca soñó....sin amor.

Guardó los últimos cambios y dejó la página de anuncios clasificados lista para impresión. Resignada, con un suspiro, levantó los ojos de la pantalla y lo vio ahí, a unas mesas de distancia, como siempre. Su amante imposible tecleaba una noticia de última hora. No hacía mucho, esos mismos dedos le escribieron sus únicas cartas de amor, recitando a corazón abierto los versos más apasionados. Y cada ocaso, habían resbalado por su piel en caricias furtivas....

Pensó en su vida y en la de Tania, simples retoques con apariencia de amor, sexo a cambio de una relación de conveniencia. Y pulsó el botón de continuar.

La fotografía es de Matteo Nazzari y se titula 'Me too'.

martes, 15 de junio de 2010

El RT de su vida


Miró a ambos lados. Nadie reparaba en ella… como casi siempre en la vida gris de su gris oficina. Nerviosa, respiración agitada, corazón en un latido, era el momento de lanzar el tweet. Pisó la tecla de retorno con el anular, enjoyado dedo que por un día rompió su propio verbo para iniciar un inesperado chat. “Gracias por RT…nos seguimos leyendo”. Unos cuantos caracteres para rendir gratitud y anunciar promesas, una nueva vida que nace en pocas palabras, un horizonte que se abre de par en par…

Bajo la atenta mirada de la luna, que se asomaba a la claraboya, garabateó ideas ilegibles, una frase acá, una palabra allá, letras inconexas, sin alma todavía. En el negro silencio, roto solo por el aletear de estrellas fugaces en tránsito, las manos taparon su rostro en busca de inspiración. Jugó a imaginar, imaginó que jugaba… cómo sería el misterioso autor del retweet, R y T mayúsculas como único rastro, un arrobado nombre más escondido tras el antifaz de un avatar.

La noche se consumía entre rima y rima. Y su corazón, en un puño, latía largo en cada sonsonete como si fuera el último suspiro. Versos para el olvido, el tren llegaba con retraso a su vida, destino tardío y lejano, muy lejano. Pero siguió imaginando que jugaba, jugó a seguir imaginando… un paraíso imposible donde los sueños respiran. Susurros al oído, sonrisas pintadas, besos que se comen todo, cuerpos retorcidos al hervor de las caricias, sexos que gritan exhaustos de pasión.

Abrió sus ojos con la mirada perdida, sin hacer foco en la pantalla que tenía delante, un indisimulado gesto de satisfacción en su faz. Mientras volvía en sí del fogoso mundo onírico, notó a su alrededor envidias afiladas, interrogantes detrás de las corbatas, desdén final que aguarda a quien como ella vive en la bendita locura. Orgullosa de su fortuna, cerró Twitter sin esconderse, a la vista de todos. Y con una media sonrisa volvió a estampar sellos en amarillentos legajos… recordando feliz el RT de su vida.

Lore di Luciano es la artista que ha diseñado la imagen, puedes seguirla en Twitter ... es @loremac.

martes, 8 de junio de 2010

Deseos de chocolate


Escalofríos. Un denso río manaba pecho abajo y su calentura se hizo mía. Mordí tus cercanos labios y lo entendí. Deseos de chocolate entre tus dientes de marfil, pero también sobre mi piel. Hambriento, devoré tu boca espesa, dulce y amarga, mientras mi cuerpo se estremecía a merced de tus caprichos.

Tu lengua ávida recorrió todos mis rincones como caminante sedienta en el desierto, explorando los tesoros escondidos, endulzándolo todo con el cacao azucarado. Cegado por el éxtasis, me rendí a tus manos. Y tus deditos cariñosos y traviesos hollaron embadurnados mis músculos, izando la bandera de la satisfacción más extrema en cada uno de mis poros.

Complacido, en deuda ... me perdí en tus montañas para buscar ese soñado placer. Y en la turbulenta travesía enfilé ruta hacia tus pequeñas colinas mientras un terremoto sacudía tu ser y hacía temblar el mío. Mis dientes se clavaron con suavidad en tus tersas y turgentes alturas. Respondieron con dureza tus pezones de plata, pero al acoso de mi lengua embebida abrieron con bondad sus pétalos de rosa.

En la agonía del deseo, descendí a tientas por tus pechos hacia el valle del placer. Ojos cerrados, los tuyos y los míos, cata inagotable del mejor de tus dulces, mis dedos se adentraron por tu ligero bosque hasta llegar a la orilla. Y en la playa de tus gemidos, mojé mis sueños. Y me zambullí sin miedo en tu mar abierto, donde invisibles sirenas recitaban poemas indescifrables de susurros y quejidos, donde las olas arrastraron mi barco en deriva hacia el abismo del amor sin retorno. Y después de la explosión tempestuosa ... mis labios se abrazaron a los tuyos en otro beso. De chocolate.

La imagen es obra de la diseñadora argentina Lore di Luciano (puedes seguirle en twitter, es @loremac).

lunes, 31 de mayo de 2010

Tatuaje de luna


Duerme la primavera. Me llevan los sueños por donde quieren. Y me despiertan … y tú en mis sueños, luz incandescente. Resplandor en duermevela que rompe las cortinas, que ciega mis ojos somnolientos, que alumbra cada noche de mis días .…

Desnudo en la fría oscuridad, atrapado por tus destellos, tirito de amor cuando me acarician tus largos dedos. Y sin pensarlo dos veces, nuestros cuerpos chocan en la inmensidad láctea y nacen estrellas de nuestros añicos. Sol y luna, nuestra fusión lo eclipsa todo.

Recorren mi anatomía tus besos de plata y esculpen un reguero de amor a fuego lento. Tatuaje de luna en mi piel de oro. Eterno grabado que nunca es el mismo, que exhibe cambiantes tus fases, que la pasión enciende o apaga con el mismo ímpetu que la marea sube o baja en la playa de mi corazón.

Al alba, siempre al alba, tus labios metálicos se posan en los míos. Y los poseen con la brutal frescura del rocío mientras las dudas de la alborada se hacen niebla. Entonces, ocultos en la discreta bruma, nos perdemos en las órbitas más lejanas del universo …. para no dar cuentas al cielo de nuestro amor, para no fingir nuestros escalofríos de placer. Sol y luna, amor imposible que se hace posible cada madrugada.

Y ya no te siento hasta que rompe el día siguiente, cuando de nuevo las distancias infinitas se esfuman en el cruce de caminos que lleva a nuestro amor furtivo. Después, arropada por las estrellas, descansas en mi lecho. Y yo salgo a buscarme la vida como cada día y, con tu recuerdo dibujado en mi cuerpo, de felicidad lo irradio todo. Tatuaje de luna, mi tatuaje.

La ilustración es obra de la diseñadora argentina Lore di Luciano (puedes seguirle en twitter @loremac).

miércoles, 26 de mayo de 2010

Versos para el olvido


Frunce el ceño el viejo poeta, como si ese gesto, mitad enfado mitad concentración, atrajese los versos a sus manos temblorosas. La ventana está entreabierta. Sus ojos pequeños salen a buscar rimas perdidas entre la negritud salpicada de estrellas. Entra sin permiso la zozobra que le atormenta, el amor real nunca vivido, una angustia que cada día extingue su débil aliento.

En penumbra. En blanco ante el papel desierto. Borrón y a empezar de nuevo. Sin título, sin tema. Otro tachón y los versos que no llegan. Buscando una respuesta clava su mirada en la luna, espejo del cuarto menguante de su propia existencia.

Y la vida se va cada noche, en endecasílabos mal medidos que tocan a muerto, sin saber si habrá otro amanecer.

Luz saliste a iluminar mi camino,
borracho de ego negué tu presencia,
y tu albura oscureció por la ausencia,
mi miope ceguera no vio el destino.

Mis pies infames mancharon la alfombra
de amores que encontré en mi travesía;
mis manos despreciaron la agonía
de tus pétalos llorando en la sombra.

Y la vida moría en decadencia
cuando, mi flor de Arabia, tu perfume
gritó a la luna mi absurda existencia.

Jazmín, tu elixir a fuego consume
mi corazón que, henchido de arrogancia,
arruinó tu amor y se agostó impune.

Sin permiso, mi humilde homenaje al poeta argentino Jorge Luis Borges, inspirado en su muy leído haiku: "La vieja mano/ sigue trazando versos/ para el olvido".

jueves, 13 de mayo de 2010

El último beso

Estoy esperando. Sí. ¿No lo recuerdas? Me has enviado un beso por email ... Ya ha pasado un buen rato. Aunque no tengo prisa. Bueno ... es mentira. Estoy deseando fundir mis húmedos labios en los tuyos, mi lengua se inquieta, siento cómo palpita desbocado el corazón, me tiemblan las piernas.

Hace un momento, en tu despedida he leído "Un beso" y debajo apenas unas cuantas letras que juntas me recordaban a ti. Y me siento extraño. Quiero probar de nuevo la miel de tus labios, sellarme a ellos para siempre, vivir del aire que respiras. Pero no llega. Prueba a reenviar. Estoy impaciente.

Sueño con ese último ósculo robado sin saber cómo será. ¿Cómo son los besos electrónicos? Suena a labios metálicos, fríos, sin alma, diciendo adiós ... Imagino ese beso viajando entre cables de colores, saliendo de las entrañas de los circuitos, invisible con un simple golpe de ratón.

Hundido en la desazón, vuelvo a mirar en la bandeja de entrada ... sí, ahí está mi beso, tu último beso. Seguro que ha habido un error informático. Porque ya lo he leído unas diez veces y ahí sigue estando mi beso, tu beso que rompe mi amor.

El ordenador no me dice nada. Sólo veo reflejados en la pantalla mis labios abiertos, vacíos, huérfanos, tristes. Lo peor de todo es que igual me llamas para saber si me ha llegado el email. ¿Y qué te digo? ¿Que por error he recibido un abrazo amigo? No. Me quedo esperando, aunque me hayas dicho que mi amor ya no es el tuyo. Mi último beso.

jueves, 6 de mayo de 2010

La libertad perdida


Abrió las puertas de sus ojos con dudas. La luz del día bañó su rostro por primera vez desde ... No lo recordaba. Venía de la penumbra, donde las estrellas brillan por su ausencia y los candiles no alumbran y sólo encienden sueños. Manos a la espalda, muñecas enlazadas como de costumbre, sus pasos se alargaron a tientas. Ante sí ... un campo minado, arenas movedizas, el crujir del río helado, un cepo mortal bajo la hojarasca.

Vida vivida bajo el miedo, paredes del alma desnudas, como su cuerpecito frágil y mancillado. Días que parecen noches, noches que el insomnio convierte en días, ojos siempre en guardia temiéndose lo peor. Adolescencia rasgada, recuerdo atroz. Juventud perdida en un metro cuadrado. Mujer mal querida, tantas veces violada por el cruel destino.

Avanza insegura por el puente, el precipicio le llama. Le empuja la mano que le robó la inocencia, hizo cicatrices su rostro y profanó sus entrañas. La misma mano que le dio de comer y de la que alguna vez salieron caricias, pocas. Al otro lado, la libertad .... un mundo desconocido, un territorio ajeno, otro hombre que quizás haga bueno al hijoputa que la mató en vida.

Un paso atrás, y otro más. Vértigo ante lo inexplorado. Dudas, muchas dudas. Hasta que decide echarse de nuevo en brazos del pasado. Y llora sin lágrimas la libertad perdida. Para siempre.

domingo, 2 de mayo de 2010

El peine del viento

















Saltan las olas a tu encuentro, te mojan con la espuma de sus rizos, juegan orgullosas a empaparte. Volátil como eres, te pierdes en rodeos y huyes asustado. Pero siempre vuelves, a veces para quedarte, sobre todo en las cálidas noches de verano cuando tu fresca brisa es una caricia interminable.

Viento, dicen que el mar es tu amor ... amor no correspondido. Y dicen también que cuando la oscuridad es mayoría lloras en soledad, alumbrada tu tristeza sólo por el viejo faro. Y tu débil quejido viaja en la noche acunándolo todo, aunque las que más saben de tu gemir son las caracolas, que nos susurran al oído tus penas.

Harto del mar de desaires, desbocado como un caballo salvaje recorres la bahía y no dejas títere con cabeza. Si soplas con mucha fiereza, como un vikingo que viene del Norte, hasta las gaviotas buscan refugio al pie del acantilado, la cabeza bajo el ala para no ser cómplices de tus violentos arrebatos.

Viento, dicen que tu amor es el mar ... mar de dudas en el que vives ahogado. Y dicen también que cuando ya no estás enfadado te acercas al peine de las rocas. Y desenredas tus larguísimos cabellos, hilos invisibles que se dejan acariciar por las púas hasta brillar como nunca. Entonces, apoyado en la ventana que da a la playa, el mar te interroga una y otra vez sobre el futuro. Y sin saber qué contestar, resoplas y te enredas de nuevo en el peine.

martes, 27 de abril de 2010

Muerte de un tweet



Las primeras palabras entraron en la jaula vacía. Se ponía en marcha el viaje virtual de un mensaje real. Algo que contar cobraba cuerpo y, casi al mismo tiempo, el eco de Twitter afinaba su garganta para lanzarlo a los mil vientos. Humilde y apocado, un tweet recibía los últimos golpes de tecla para salir a comerse el mundo. Y soñaba con el momento del lanzamiento como aquel hombre bala de los circos rurales, como el saltador que desafía la caída libre para clavarse en el mar, como el paracaidista que vive entre nubes.

Apenas le faltaban unos caracteres para cerrar el ritual. Mucho que decir y tan pocas palabras. Lenguaje acribillado con ráfagas de abreviaturas, hachazos de haches fuera de lugar, spanglish que nunca habrían pactado Cervantes y Shakespeare ... y la magia de los recortadores de URLs. Cualquier apaño con tal de no infringir el límite de 140 en la autopista de los gorjeos. Sin olvidar el último toque, dos puntos y cierre de paréntesis :) para caer simpático a los millones de lectores que estaban ahí fuera.

Un estridente trino anunció el despegue. Letras en las alforjas, el tweet emprendió el vuelo, paloma mensajera, consciente de que su emisor esperaba de él un buen trabajo y de que no aceptaría una callada por respuesta. Surcó miles de tejados y navegó en infinidad de cielos, un día aguantando el chaparrón, otro día bajo un sol de justicia, hasta que su voz se apagó. Para siempre. Víctima de una brutal tormenta con descarga informática. Grave como era la sítuación, ni siquiera un socorrido reinicio pudo recobrarle ni tampoco esa última opción a vida o muerte del reseteado.

miércoles, 14 de abril de 2010

Rojo sobre negro



Buscó las estrellas con la mirada, desafiante, caído, en un hilillo su último aliento. El hielo se había apoderado de la noche, también de su corazón, cuando un cruce de aceros había dejado en el aire su existencia. Sobre su cabeza, en el techo estrellado, buscó impotente una respuesta, un porqué, mientras sus entrañas ya eran pasto del fuego. Jamás hubiese imaginado que unos labios que se devoraban sin tregua se iban a sellar para siempre. Caricias para las que faltaban manos, pechos apretados hasta cortar la respiración, amor hecho carne y explosión ... No entraba en sus planes, la muerte.

Rojo sobre negro, la sangre manaba a borbotones de una herida convertida en río. Oscura noche aterida, helador cuchillo que rompe y rasga sin piedad, la piel quema y escuece hasta el dolor más extremo. Todo en un segundo.

La luna parecía huir de sus ojos, menguante como su vida, mientras pequeñas estrellas fugaces cegaban sus postreras visiones. Hervía su sangre, ardían las visceras, la hiel era espuma en su boca, los pasos de la muerte doblaban la esquina. La madrugada se desangraba en un callejón sin salida y los huesos, astillados por el vil metal, de bruces yacían sobre el sucio empedrado, la cuenta atrás avanzaba sin remisión.

A su lado, su alma querida. En agonía también, abierta de norte a sur por la navaja cómplice, víctimas de un amor imposible y prohibido. Ya está aquí, es la muerte. Pasa sin llamar, alertada tal vez por el SMS de los últimos suspiros. Y sin decir adiós, se va, exangües los cuerpos en el suelo, pintada una sonrisa malvada en su calavera. Estrellas apagadas.

lunes, 12 de abril de 2010

Palabras, más que palabras




Aparecen a media luz. Nadie las espera. Son cientos, quizá miles. Y lo llenan todo como si aquel terreno hace poco yermo se tornara de repente en un crecido mar de cereal. Y lo que antes era un terrible salto al vacío, ahora es una zambullida en un rico fondo de coral. Y lo que apenas fue un sueño difuso en la vaguedad de la noche, ahora cobra vida propia y es relato para todo el mundo.

Nadie las ha visto. Llegan en oleadas, a veces entrecortadas, muchas veces sin un rumbo fijo. Vagabundas, cada una de ellas cuenta una historia y tiene una historia que contar. Alegres un día o tristes al siguiente, no han podido elegir ese papel que interpretan a la perfección, siempre al pie de la letra. Sin comerlo ni beberlo, elegidas para un desconocido destino, llenan viejos cuadernos y libretas delgadas. Y con la verdad por delante, conviven con borrones, garabatos y tachones, seres todos ellos temibles y que habitan en el reino de las dudas.

De repente, saltan del teclado a la pantalla como por arte de magia, cubriendo una ruta a todas luces invisible, dejándose a veces cosas en el tintero. Y antes de que se las lleve el viento imprimen carácter al folio en blanco y son pasto de ávidos lectores capaces de pasar muchas horas delante de ellas, admirándolas, comprendiéndolas seguramente como nadie lo había hecho antes.

Una vez leídas, es el momento de pasar página y buscarse la vida en otra aventura, en otro libro, en otro país ... Y, otra vez, engatusar con su verbo fácil, al calor de la hoguera, a otros ojos miopes. Y dejar volar la imaginación en compañías low-cost que llevan a lugares recónditos, de ensueño, inexistentes en la mayoría de las ocasiones. Palabras, más que palabras.

Sonidos de primavera



Trinos.- Cantan los pájaros en señal inequívoca de la mudanza estacional. Despojado de su manto invernal, el corazón late fogoso tratando de salir de esa jaula virtual construida entre pinos y nogales portentosos, plataneros y bambúes exóticos y firmes robles. Al tiempo, los nevados almendros muestran su flor temprana emitiendo cegadores destellos a la luz de los primeros soles de marzo. Donde antes campó a sus anchas la fría blancura de la nieve y el hielo, emerge ahora una verde pradera salvaje. Por fin, viene cambio. El parque, recuperado no hace mucho para el pueblo, se abre de par en par y sólo el crepúsculo tiene permiso para echarle el candado cuando la oscuridad comienza a posarse levemente.

Borboteo.- Baja el río Arga orgulloso en su caudal, henchido del zumo de las nieves de las montañas, y toma los meandros con fiereza como queriendo ganar el terreno perdido por la mano del hombre. Junto al puente viejo, en la orilla en la que antaño las lavanderas frotaban la ropa con las manos ateridas, las piedras aguardan pacientes ese txipi-txapa que no llega. Las aguas ya no son espejo de nadie ni tampoco se dejan abrazar por esos bañistas que acudían a refrescarse. Ni siquiera las cañas penetran anzueladas en busca de una madrilla despistada. Entonces, enfadado por su ostracismo, el río se crece para llamar la atención y, a veces, se sale tanto de madre que inunda las piscinas que le han robado su otrora protagonismo. Y los patos aprovechan la circunstancia para hacer de su capa un sayo y navegan agua arriba en dirección a la iglesia, como si todo fuese su alberca. Hecha la trastada, el río vuelve a su cauce cabizbajo y, gimiendo como un niño, se deja acicalar hasta recobrar su sitio en la fotografía del paisaje.

Voces.- Asomada la nariz por encima del muro prohibido, rodillas ensangrentadas, buscábamos con desesperación el mismo balón de equivocada trayectoria que ansiaban destrozar las fauces del perro guardián, nunca visto pero enorme ante los ojos de nuestra imaginación. Son sólo recuerdos en voz alta, conversaciones de banco que reviven a la sombra de un árbol mientras, enfrente, los primeros amores retozan entre susurros a la oreja y besos furtivos. Las tardes alargan y pronto se vestirán con la incesante algarabía de los niños hasta que el verano caiga a plomo. Pero esa es otra historia, la que el rigor estival, en su terrible soledad, relatará en mil y una lenguas. Tiempos de torre de babel, de crisol de culturas y de mestizaje. Tiempos en los que el euskera ha vuelto, pero esta vez para quedarse entre nosotros, para crecer en las bocas de los más pequeños.



Campanas.- Tañen al viento y siguen dando la hora ajenas a la era digital en la que vivimos. Su alegre repicar llora cuando tocan a muerto, aunque en esta Burlada cada vez más poblada nadie sea capaz de adivinar por quién doblan. Y giran y suenan sin descanso en esas contadas veces en las que la iglesia sale a la calle, entre ramos y palmas, escoltada por niños de comunión. De blanco hunden sus pies descalzos en la hierba las novias iluminadas por los flases. Sin otra ley que la del amor, salvando arcaicos prejuicios, las parejas también se unen ahora con el cielo como único techo y son sus corazones los que bandean y bandean felicidad.

Notas.- Fluyen a sus anchas por un pentagrama de calles y plazas en el que, al compás que marcó Hilarión Eslava, son cientos los músicos capaces de dotar a los acordes de un digno futuro. La banda y las charangas, melodías para todos los gustos que llegan desde extramuros mientras sobre el cuidado césped no es extraño ver a una cuadrilla arracimada en torno a una guitarra. Preludio, sin duda, del día en el que los gigantes toman Uranga al son de los txistus y de la txalaparta. Sin olvidar, ya entrada la noche, cuando el pulmón del pueblo dormita acunado por los grillos, los rasgueos salvajes del rock que cada mayo es fiel a su cita. La primavera toca a su fin y se consume del todo en el incasdencente crepitar de las hogueras prendidas por San Juan.

De todos y de nadie, Burlada como es, como la revelan sus sonidos, como la viven quienes hoy la habitan, como la añoran los que hace tiempo partieron, como la sueñan los que le darán vida mañana. Nuestro pueblo.

Artículo escrito a las puertas de la primavera de 2008 e incluido en el libro 'Burlada. Latidos de un pueblo', colección de imágenes del fotógrafo local Oskar Montero.